Londres
empezó siendo una experiencia bien underground. Llegamos a través de un bus que
viaja bajo tierra tres capas por debajo del mar (experiencia alucinante, pero
¡no apta para claustrofóbicos!). En esta ciudad tuvimos la suerte de asentamos
pronto ya que allí nos recibió Balasz, un amigo húngaro que durante el primer día
nos ofició de guía y luego nos presentó a todos sus compañeros de cuarto.
Estábamos a 40 minutos del centro de Londres, en un barrio muy tranquilo y con
mucho verde alrededor.
Durante el
primer dia, como Balazs no trabajaba, pudimos recorrer con el los principales
sitios de la ciudad: Trafalgar Square, Picadilly Circus, el London Eye y el
Parlamento. Poco a poco fuimos descubriendo que Londres no es una ciudad, sino
muchas. Y que todas esas ciudades están conformadas por la mezcla de culturas
que se reúnen en un mismo lugar, generando un sitio particular en donde todo
puede suceder. Esto se nota principalmente viajando en el Metro, el famoso
“underground” londinense. Hablando con la gente deducimos que Londres es,
salvando las diferencias, la Norteamérica europea. Gente de todo el continente
(y de otros continentes) llegan a esta ciudad buscando lo que podría llamarse
el “sueño londinense”. Promesas de trabajo rápido y dinero fácil acrecientan
este concepto.
El tercer
día fue uno de los mejores ya que nos tocó poder ver el sol, algo excepcional
en esta ciudad en donde, según palabras de un londinense, la gente se siente
perdida y rara si no llueve o está nublado y frio. Bajo un bello sol primaveral
nos fuimos a recorrer el Mercado del Camden, un lugar fascinante que en su
momento fue cuna del Punk, con los Sex Pistols a la cabeza. Pero hoy también es
un crisol de razas, estilos y mercados en donde se puede comprar, vender y
comer de todo. El mercado extendido a lo largo del riachuelo nos recordó al
Tigre y el Mercado de Frutos.
Almorzando
en el Camden conocimos a un grupo de españolas de Granada que nos invitaron a
conocer su tierra, pero finalmente no podríamos visitarlas ya que luego
decidiríamos ir al norte de España y no al sur, viaje que quedará pendiente
para el futuro.
Luego nos
fuimos a pasear por un barrio de película: Notting Hill. Quien vio el film con
la bellísima Julia Roberts sabe de qué se trata. Es un barrio que bien podría
ser una escenografía hollywodense, con sus casitas de colores, calles limpias,
hermosos cafés, gente agradable, vecinos lavando sus autos y regando sus
jardines… En fin, un barrio que parece mentira: una escenografía al mejor
estilo Truman Show.
El cuarto
día en Londres visitamos el Tower Bridge (muy pero muy lindo) y dimos una
vuelta por el Bricklane, barrio artístico y cultural.
El quinto
día nos encontró cansados física y mentalmente. Física por el trajín del viaje
y las largas caminatas y mentalmente porque durante la estadía en Londres
tuvimos problemas con la tarjeta de crédito que se nos rompió y tuvimos que
pedir que nos envíen un nuevo plástico a Europa, el cual llegó en apenas tres
días desde Canadá vía UPS (cosas de la tecnología de este siglo). El problema
fue que para que nos autoricen el envío tuvimos que hablar con un millón de
personas, casi como pedir una audiencia con el Papa (cosas de la burocracia de
este siglo). Pero finalmente nos llegó la tarjeta y pudimos seguir con nuestros
planes. Cansados y todo, nos fuimos a pasear por el Hyde Park, que es inmenso. Así
recuperamos un poco de oxigeno.
La
despedida de Londres no pudo ser mejor. Balazs nos invitó a una reunión con sus
amigos húngaros en las afueras de Londres. Nos juntamos en un departamento muy
pequeño, pero con gente con muchísima buena onda, que nos recibió con cervezas,
música y comida húngara y africana. La comida africana lleva como dos o tres horas
de preparación (sino mas) y es muy extraña! Fue toda una experiencia. La
pasamos espectacular, cantamos, tocamos la guitarra, hicimos batucada (no sé
como los vecinos no nos mandaron a la policía) y nos quedamos bebiendo,
escuchando y haciendo música hasta altas horas de la madrugada. Fue una linda
manera de relajarnos , disfrutar y vivir una típica noche en Londres. Al igual
que la vivimos en Berlin y en Paris, y luego la viviríamos en otras tantas
ciudades.
Finalmente nos volvimos a Paris, luego de pasar
seis días en Londres. Se puede decir que vivimos muy intensamente nuestra
estadía en esta ciudad, con todo lo bueno y lo malo. Nuestra conclusión es que
no es un sitio en el que nos gustaría vivir, pero creemos que es necesario
conocer: por su cultura heterogénea, su excentricidad, su ritmo alocado y su
rica historia.
Gracias chicos, lo agendo para mi proximo viaje a Londres que haré el año que viene en Agosto, besos
ResponderEliminarLeonor